CosasQuePasanenelSur

domingo, 28 de agosto de 2016

El equipo C´s

Para David. Gracias por todo.  
En 2014, un grupo de chaqueteros que ya formaban un partido político en zonas separatistas del país expandió su marca a lo largo del territorio nacional para impedir la expansión de las hordas rojas, siendo aupados al poder por una serie de promesas que no han tardado en olvidar. No tardaron en fugarse de las palabras en las que se habían definido. Hoy, buscados todavía por gobiernos, sobreviven como soldados de fortuna. Si tiene usted problemas de corrupción, problemas para apuntalar viejas estructuras, dificultad para decir una cosa y la otra sin despeinarse, obstáculos para reforzar la unidad de España. Si tiene usted algún problema, se los encuentra y no han cambiado de chaqueta, quizás pueda contratarlos.

jueves, 24 de julio de 2014

Un año, dos años, una vida, dos vidas: discurso de graduación

Para Rosa, a la que echaré inmensamente de menos. Muchas gracias por las risas. Y a todos los estudiantes, claro, siempre. 

Vivir, desde el principio, es separarse, decía Pedro Salinas. Y hoy, tristemente, alegremente, toca decir adiós a algunos; hasta luego, a otros, toca despedirse, para siempre, durante algunos meses, de unos pasillos que os han visto crecer durante cuatro años, durante seis, o siete, u ocho, a saber, aunque esperemos sean, como he dicho, cuatro o seis; toca separarse de profesores que han formado parte de vuestro aprendizaje, de compañeros de clase que han acabado por convertirse en amigos y en parte imprescindible de vuestra vida. Aunque, seamos claros, no toda despedida ha de ser triste; sí, esta puede ser nostálgica, por el tiempo pasado aquí, pero es una puerta que se cierra, para que se abran tantas otras, para seguir caminando ahora que se os cierran, aunque siempre permanecerán abiertas para vosotros, las puertas de este instituto, las de la universidad, las de ciudades como Córdoba, Granada, etc.
Sin embargo, para que exista un adiós, una despedida, primero ha de existir un hola, qué tal, cómo estás, un primer día en los pasillos de este instituto, en sus clases, en ese salón de actos en el que hacer un examen en pleno invierno era congelarse los dedos y, muchas veces, las ideas. Y, como el vuestro, también yo recuerdo ese primer día, punto inicial del cariño que le tengo a este instituto, y a este pueblo, del que no sabía absolutamente nada hace un poco menos de dos años. Y así como vosotros encontrasteis vuestro primer hola aquí, vuestro primer abrazo, vuestro primer beso, vuestro primer aprobado, vuestro primer, espero que algunos no, suspenso, vuestra primera riña por parte de un profesor, también yo encontré mi primer hola, esa llamada de la Delegación que me decía, un viernes en Granada, que a partir del lunes yo tendría que estar dando clases en Peñarroya-Pueblonuevo. Y mi primera pregunta fue, claro, pero, ¿dónde está ese pueblo? Después, no os voy a mentir, llegó la llamada de un amigo para animarme, y mucho: José Manuel, me dice mi hermana que allí ella ha tenido a los peores alumnos de su experiencia como profesora y así llegó el lunes y la preocupación al acercarme poco a poco a este instituto. Y pensar, porque tal como vosotros pensáis, qué tal serán los profesores este año, también nosotros tendemos a pensar qué tal serán los alumnos que tendré en nada.
Y no toca otra cosa, como profesor, que entrar a clase y esperar que, al menos, al menos, no sean tan terribles como los ha descrito la hermana de mi amigo. Pero, ya sabéis, no es bueno juzgar un libro por su portada, ya que, en ocasiones, podéis perderos las mejores historias en las que podríais sumergiros, el mundo que podríais compartir. Y, aquí, sí, toca hablar de esos primeros días en que, el año pasado, pregunté, en clase, quién quiere leer, y casi un noventa por ciento de los alumnos levantó la mano. Algo no cuadraba, y a medida que os fui conociendo a muchos de vosotros, fui creciendo con vosotros, y compartiendo mucho de los mejores momentos de ese año, hasta un viaje en coche de policía que muchos recordaréis, en uno de los mejores grupos de alumnos que yo he tenido en clases, en uno de los mejores grupos de personas que yo haya conocido. Así que no, no eran tan terribles los alumnos de este instituto, no, no era bueno dejarse llevar por la opinión de los demás sin mostrar juicio crítico alguno, juicio crítico que debe seguir siendo parte de vuestro crecimiento intelectual. Y no, no era tan terrible en un instituto en el que he sido feliz en sus pasillos, en las clases, en los recreos en el patio, viendo cómo algunos habéis seguido creciendo. Porque vivir no es otra cosa que crecer. Y crecer, a veces, es para bien: es encontrar, como yo he encontrado aquí, trabajo, ya en los primeros días de noviembre de hace dos años; amor, aunque el amor tardó casi un año en llegar, y mira que ya me lo decía casi todo el mundo, pero lo bueno, claro, lo bueno, se hace esperar, trabajo, digo, amor, y, por encima de todo, tanta tanta vida en estos años. Y es que no hay más que saber, tener claro que cada día, cada uno de los días de nuestra vida es un regalo y disfrutarlo como tal. La vida que espero tengáis los que os quedáis aquí y la que os vais. El olvidado asombro de estar vivos, del que hablaba Octavio Paz.
Y es el camino que lleva del hola al adiós en este instituto, en estos pasillos, en estos pupitres, en estas calles, en Córdoba, en Granada, el camino de crecimiento, espiritual, físico, intelectual, de cada uno de vosotros, el que os hará mejores y hará mejor al lugar en el que estéis, al entorno que os rodee.
Amor, vida, trabajo. Os espera, tal vez, aquí en los años de instituto, tal vez fuera, en Córdoba, en la Universidad, en las calles, os espera crecer. Y crecer, supone, por encima de todo, requiere honestidad, ser fieles a vosotros mismos, porque aunque perdáis el mundo, os ganaréis a vosotros mismos. Y hacer del lugar en el que estéis, sea el que sea, un lugar más humano, mejor para todos los que están a vuestro alrededor, para que el recuerdo sea bueno, para que las huellas sean adecuadas, como las huellas, extraordinarias en algunos casos, que han dejado alguno de las personas que me han rodeado en este pueblo en dos de los mejores años de mi vida por lo que solo me queda daros, una y otra vez, las gracias. Y pediros que nunca que os conforméis, para que las huellas que empecéis a dejar sean exactamente tan intensas como aquellas que habéis dejado en mí.














martes, 22 de julio de 2014

Españoles de bien

Somos españoles de bien aquellos que cambiamos las leyes electorales para perpetuarnos en el poder y proclamar a los cuatro vientos que estamos ahorrando porque nos preocupan los ciudadanos.
Somos españoles de bien aquellos que gritamos que hay predicadores que se aprovechan del dolor ajeno y ganamos unas elecciones mintiendo, incumpliendo una tras otra promesa electoral porque, eso sí, la realidad nos ha obligado a ello.
Somos españoles de bien aquellos que defendemos la libertad de expresión por lo que aconsejamos a los medios de comunicación cómo deben dar ciertas noticias. Con objetividad, claro, siempre con nuestra objetividad.
Somos españoles de bien aquellos que afirmamos constantemente que el rescate bancario no ha costado un euro ni costará un euro a los españoles aunque los españoles ya hayan perdido once mil millones de euros, pero podrían haber sido mucho más.
Somos españoles de bien aquellos que advertimos que solo nosotros podemos sacar a este país de la crisis olvidando, en el camino, que nosotros fuimos los que arruinamos al país.
Somos españoles de bien aquellos que enarbolamos nuestro amor a la patria aunque la hayamos vendido a intereses extranjeros, aunque guardemos nuestro dinero en bolsillos de otros países. 
Somos españoles de bien los que confirmamos el maravilloso momento de la economía española exponiendo, de todas formas, más de doscientas medidas para seguir recortando en bienestar. Es obvio que para seguir con la mejora.
Somos españoles de bien aquellos que vamos a misa los domingos, castigamos la mentira y creemos que todo es mentira salvo alguna cosa. Y algún mensaje que diga, sé fuerte, Luis, para mostrar la caridad cristiana de la que tanto hacemos gala.
Somos españoles de bien aquellos que anunciamos en televisión que engañar a Hacienda supone menos hospitales, menos colegios, y luego cobramos en B, y construimos aeropuertos sin aviones. Somos soñadores, sería preciso señalar. 
Somos españoles de bien aquellos que aquellos que somos incapaces de salir en televisión para debatir si no es medios afines pero si somos capaces de salir en plasma.
Somos españoles de bien aquellos que pedimos a la gente que emprenda porque el trabajo no va a llegar a casa sin recordar que llevamos más de veinte años viviendo de la política. 
Somos españoles de bien aquellos que afirmamos que Sanidad y Educación no han sufrido recortes porque seguirán sufriendo recortes. 
Somos españoles de bien aquellos que...
- Pues yo creo que este país iría mejor si nadie os votara.
- Está claro que por culpa de la gente como tú está el país como está y estará más arruinado si la gente deja de votarnos.

lunes, 5 de mayo de 2014

El intransigente nazareno II

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Bien, bueno, no tan bien. Tranquilo, bueno, no tan tranquilo.
- Bien y tranquilo. ¿O no?
- Ni bien ni tranquilo. Macho, pero si estás en la política pequeña: ahí todo es calma y relajación. Se trabaja por el pueblo. Y ya está. 
- Buenooooo. Sí, y no.
- Pues no sé qué quieres que te diga. Yo no te veo dándote cabezazos contra la pared. 
- No, no, la verdad es que no. A mí amenazan con dármelos, jajajajjaja. 
- ¿Cómo?
- Ya sabes: el PP, siempre tan preocupado por el pueblo. En lugares grandes. Y en lugares pequeños. 
- Sigo sin enterarme de nada. A ver si Rajoy se ha apoderado de ti. 
- Pues casi que sí, eh. A este ritmo, creo que me hago hasta del PP. Imagina: están llamando a la gente que ha venido a pedirles ayuda con servicios sociales. 
- Anda, pues qué bien, ¿no?
- Ehhhhhhh, esa es la llamada en A. La llamada en B viene justo después, cuando les dicen que es para que sean interventores. 
- Bueno, tampoco es tan malo, ¿no?
- El problema es que el PP quiere que lo hagan sin cobrar un euro.
- Jo, vamos, lo que viene siendo su marca, Los españoles, en precario; España, por encima de todo. 
- Vamos, la marca España. 
- Y tú vas y lo estás denunciando. Macho, si es que sois unos violentos. 
- La verdad es que sí. Unos auténticos violentos. Como castigo, deberías darte de cabezazos contra la pared.
- No creo que haga falta. A este ritmo, ya me han dicho que otros me lo van a dar...

miércoles, 19 de febrero de 2014

Yo no soy racista pero...

Uno lo intenta, saben, uno lo intenta de verdad y casi siempre lo logra, casi casi siempre y es que, en serio, yo no soy racista, pero hay cosas que no puedan ser, vean si no, hay algunos que llegan y ocupan el cuerpo de la mujer y quieren estar en ellos, como si ellas les pertenecieran (es indignante, la verdad). Y uno sale a la calle y se dice, no, no voy a pensar en ello, pero entonces va el médico porque se encuentra enfermo y allí que voy a Sanidad, al ambulatorio de mi ciudad, de mi pueblo, vamos, y hay muchos menos médicos, apenas enfermeras y o me lo parece a mí o hay menos lugares donde estar sentados, qué vergüenza. Y entonces pienso en mis niños, que deberían estar en el colegio, y les va bien, bueno, les iba, que ahora tienen menos profesores, y son más por clases, y, claro, tanta socialización, y relacionarse con tantos alumnos no sé yo si es bueno, y de quién es la culpa de quién. Y necesito aire, y ver la tele, pero claro la luz, la luz es más cara, cada vez más cara y así es difícil ver o saber cualquier cosa, pero uno necesita descansar, distraerse y qué menos que verla un poco y ahí los tienes, llevan pulseras de tela en las manos, pulseras de banderitas y dicen no a todo, yo no he sido, bueno, tal vez sí, yo no lo sabía y dicen, habéis vivido por encima de vuestras posibilidades y dicen que salir del país es una aventura y entonces, sí, yo pienso en mi futuro y me digo, vale, a lo mejor todo va a mejor, a lo mejor puedo vivir de forma digna pero no, ahí los tienes diciendo no queremos recortar pero la realidad nos obliga y no sé si alguien los ha visto alguna vez, que yo, ya digo, no es que sea racista pero llevan corbata y hablan de su país y tienen cuentas en otros países y entonces sé que sí, que yo no voy a tener nada y me digo a lo mejor mi hijo vive mejor, si lo tengo, y entonces me digo, pero no sé si un hijo aquí, en este país, no sé qué puede pasar, hacer venir a un hijo a este mundo, y que lo dejen morir, que ya digo, en serio, ehhh, que yo no es que sea racista, pero les he escuchado discursos católicos que hablan de familia pero dicen que los pobres son pobres porque se lo merecen y que ellos son liberales aunque llevan treinta años viviendo de lo público, y no no es por enfadarme pero me han dicho que no los quiere ni Suiza y, claro, entiendo que ni se acerquen allí y dejen sin más su dinero como muestra de ofensa, que ya digo, os lo prometo, que yo no es que sea racista pero es que hay católicos, liberales, blancos con corbatas y banderitas que llevan jodiéndome toda una vida.

lunes, 17 de febrero de 2014

Notas a pie de página

Para Laura y Viky, estupendas como pocos seres humanos

Se habían apagado hace poco tiempo las luces de la casa: era el cansancio, el saber que vivir cansa y, a veces, agota. La vida, tantas veces. Y así. Habían quedado papeles en las baldosas, en las paredes, en las sillas, algún papel, en la mesa. Una casa con papeles es una casa con palabras, había escuchado. Y caían palabras al suelo, en suicidio continuo, que afirmaban su pasado, la lucha cotidiana de quien se mancha en el día a día. Palabras de corto alcance y poca profundidad, que acarician, para bien y para mal, los labios y nos dejan un sabor agridulce en la sonrisa. Era el cansancio y saber, además, que todas estas palabras, en los pasillos de su casa, no pertenecían a su historia, no eran su historia. Alguna vez lo fueron pero hace demasiado tiempo. Necesitaba salir pero llovía. ¿Acaso importaba? Bajo un paraguas, se protegería de todos los silencios, de todos los gritos, de tanto tanto tanto caos en las esquinas. Caminar, caminar tranquilamente bajo la lluvia, derramarse a voces entre los charcos y saberse estrellas, sí, podía ser, bajo la lluvia, y gotas de agua clamando al cielo hasta borrar las palabras de todos los papeles, los papeles de todas las palabras. Barriendo hasta borrar los restos de las notas a pie de página de una vida. Notas a pie de página que se hacen conversación en un tren y, en noches de frío ya tranquilo, nos animan, nos hacen olvidar que hay y hay palabras, hay palabras y palabras, y un silencio tenso que se hace metro y nos lleva a vías muertas. No, no más vías muertas, ahora que hay, algunas veces, esperanza, y el día es largo, y difícil, y hay carteles que invitan a perder el tiempo en naderías, en escoger entre el egoísmo y la nada, y olvidan que el egoísmo es la nada, carteles que abrazan una idea hasta dejarla hueca, por callar un momento y escuchar, al otro lado, una mano que se acerca y dice odio, todos odiamos las esperas largas, la vida, momento a momento, y momentos eternos, que se hacen casi nada. Odio las esperas interminables, una mano que se acerca a una mano, y se hace paciencia, un día largo, eterno, pero ha llovido, sí, la lluvia borra huellas y borra cansancios. Y toca, toca volver, ya no hay papeles, toca volver, toca saberse, sin más, una nota a pie de página. Y, en un día como este, ya de noche, saberse una nota a pie de página desde la que saberse ya papel en blanco para escribirse, en blanco y negro, en todos los colores, para escribirse, un instante tras otro, vida

lunes, 3 de febrero de 2014

En la buena dirección

Para Sorel

- Hey cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Buffff pero tiempo. La última vez que hablamos el presidente era Rajoy...
- Ehhhh, todavía lo es. 
- Pero pero pero, ¿por qué? ¿cómo? ¿por qué?
- No sé, por qué lo votaron. 
- Pero pero pero buffff. Y queda, todavía queda. 
- Creo que sí. Y mucho. No sé si sabe que dice que ya vamos en la buena dirección.
- ¿Quién dice eso?
- Ellos. El PP. Dicen que cogieron al país al borde de la quiebra y que ya no lo está. 
- Mira, ya no lo está el país, solo los españoles. 
- La culpa es de la herencia recibida.
- ¿Del caso Gürtel? ¿De los sobresueldos pagados por Bárcenas? ¿De los pufos del gobierno de Madrid? ¿Del gobierno de la Comunidad de Valencia?
- No, no, del PSOE. 
- Joder, anda que...
- En la buena dirección...
- ¿En la buena dirección a la justicia?  Pero si solo quieren a los suyos y para que los demás vayamos en ella tenemos que pagar. Coño, que parece una autopista de peaje.
- En la buena dirección...
- ¿En la buena dirección a los úteros? Porque parecen vivir todo el día en él. La mujer no decide, nosotros sí.
- En la buena dirección...
- ¿Con los trabajadores? Lo dudo: cada vez que alguno les molesta, toca paliza. La última a una mujer de 60 años.
- Dicen que el problema ha sido de un ictus.
- Ahhh a ver si lo entiendo. Le pegan varias veces en el cráneo y tiene un ictus. No querrán que nadie les moleste si están en las calles.
- En las calles pero a lo lejos, que si están juntos, forman grupos y movimientos sociales, merecen también paliza.
- A ver si somos nosotros los que tenemos que encender la bombilla y saber que nos llevan al abismo.
- Para encender la bombilla hay que encender la luz y subiéndola como la han subido otra vez, mejor estar a oscuras, dirán algunos.
- Buffff qué país. Para llevarnos en la buena dirección parecen conductores suicidas.
- Si hablamos de coches y de peligros al volante, está claro que el próximo chófer es Carromero.
- Qué próximo chófer, ni qué coño: el próximo presidente.
- Qué va, qué va: el próximo presidente solo puede ser Miguel Ángel Rodríguez.
- El problema no es es solo ese: el problema es que son conductores suicidas y no les importa lo más mínimo llevarse por delante a todos aquellos que se interpongan en su camino.
- Y viva el vino...

sábado, 25 de enero de 2014

Todo era gris, todo eran grises

Para Adri Rodríguez

Se estaban perdiendo todas las tonalidades de los colores en las paredes así que, bien, decidieron salir por ver si seguía siendo el sol un amigo de fatigas. Estaban hartos de estar en casas, en las casas, solos, y se dijeron busquemos amigos por dar un paseo, al menos por el parque pero el parque ya, hacía tiempo, estaba vetado. No, no se puede entrar, afirmaron, no se puede hacer ruido. Alguien pensó ahora deberíamos gritar a los cuatro vientos semejante estupidez pero no, mejor no, son mil euros. Pensaron nada mejor ahora que fumar y relajarse un rato pero les fue imposible, no llevaban nada en el bolsillo, son mil euros. Sabían que debían hacer algo y se dijeron denunciar nada mejor que denunciar pero no, no puede ser, hay que pagar la marca, hay que pagar la Marca. No, no se puede salir, no se puede criticar la marca, no se puede salir a la calle, fuera de la ley, sí, fuera de la ley. Por qué no, preguntó alguien, por qué no estudiar leyes y aprender a defendernos. Sí, sí, es buena idea, proclamaron, hagamos una carrera, el primero que la termine va al paro. Joder, exclamaron, nos han quitado hasta la posibilidad de ser alguien. Nos han quitado tanto tanto que nos han quitado hasta el miedo, se escuchó. Nos han quitado hasta las calles. Y sí, tenían razón, había calles desiertas, adoquines sin pintar, zapatos en el asfalto a cada instante. No había un lugar en el que mirar que no fuera la viva imagen de la Marca. Alguien gritó, harto ya de todo: la ciudad no es para mí, vámonos a la naturaleza. Y no, no pudo ser: la habían rodeado, rodeados de muros de ladrillos en todas partes. La habían vendido al mejor postor por unos cuantos euros. La marca, ya se sabe. Todos dijeron: vámonos, vámonos de estas malditas ciudades, de una vez y para siempre. Y no, no pudo ser, ya no pudo ser. Algunos no encontraron la salida; otros sí, pero no hubo cambio, salir, y no salir, eran tristes caras de una misma moneda, las tristes monedas por las que unos cuantos habían vendido a todo y habían vendido a todos, las tristes monedas que no habían dejado de ensuciar la marca, un solar vacío, tan triste como gris, rodeado de grises, que habían estado saqueando desde hace años del que solo quedaba la marca.

martes, 21 de enero de 2014

El intransigente XXII

Para Laura González

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Bien, bien.
- No sé, me tenías preocupado. Ya ni escribes.

- Sí, es que estoy viviendo y, claro, así imposible. Además, por mucho que yo escriba algo medio bien, la realidad me supera. Casi siempre. 
- Bueno, por lo menos, imagino que viste ayer la entrevista a Rajoy. 
- Ni eso. Estuve viviendo. Bueno, sobreviviendo. Porque bufff, qué difícil es todo a veces. 
- Imagino que has oído lo de Gamonal, los contenedores, ETA, etc.
- Sí, sí, pero mira, lo de los contenedores es comprensible. 
- Pero... ¿cómo?
- Claro, claro, no quiere que la gente queme contenedores porque sabe que hay mucha gente viviendo de los contenedores gracias a ellos.
- Claro, todo el dinero que se le ha robado a las personas va a los bancos.
- Y, paradójicamente, no tenemos ni dónde caernos muertos.
- Sí que es verdad, sí. Bueno, Rajoy decía que la sociedad española se ha comportado muy bien en estos dos años a pesar de tanta reforma. 
- ¿Y la periodista no le preguntó por qué entonces la Ley de Seguridad Ciudadana?
- Ehhhh, estaba en otras cosas. 
- En peloteo continuo imagino ya tal a ver la segunda. 
- Sí, era una entrevista simulada, en diferido, con todo pactado. 
- Joder, macho, periodismo de calidad.  Y, ¿qué decía del futuro del país?
- Bueno, ya veremos, a ver, no quiero adelantar acontecimientos.
- Joder, que es presidente, no escribe novelas de suspense. 
- Bueno. Imagino que las escribirá. Si es en negrita, claro, y pagan en negro.
-Mira, tienes toda la razón, porque lo del programa electoral es puro suspense. Llevo dos años pensando en si va a cumplir alguna promesa. Y ahí lo tienes. Ni a bocados. 
- Algo sí va a cumplir: la ley del aborto. Si abortas, ya sabes, eres una criminal. 
- Joder con los enfermos mentales. Volviendo al medievo a marchas forzadas.
- Bueno, ya sabes, con la de ayudas que ofrecen a las familias de los trabajadores, como para abortar. Todo son facilidades.
- Todo. Contenedores de los que coger alimentos; casas vacías; desempleo para pasar más tiempo con tus hijos; y así y así.
- El partido de los trabajadores; el partido de la familia.

domingo, 15 de diciembre de 2013

La princesa curiosa

Para Romina Pasca

Fue la última vez que miraron al cielo. A lo lejos, se hallaba el palacio real, asediado durante noches por el último dragón del que se sabía estaba vivo. Dentro de sus murallas, la princesa, de ojos claros y cabellos tan rubio como el sol, preguntaba, una y otra vez, a sus padres, cuanto le venía a la cabeza. Tanto era así, que la llamaban la Princesa Curiosa. Preguntaba, una y otra vez. Por ejemplo, preguntaba a sus padres porque no existía la vida más allá de los muros donde ellos residían y ellos respondían que allí estaba todo cuanto necesitaban. Preguntaba, por ejemplo, porque los muros permanecían cerrados al pueblo y sus padres contestaban que era lo lógico ya que sus súbditos le arrebatarían todo cuanto tenían. Por qué, volvía a preguntar, y sus padres le decían porque nosotros se lo hemos arrebatado a ellos ya que, por la gracia de dios, todo cuanto está fuera de estas murallas nos pertenece. Paseaba y paseaba y repetía cada pregunta: padres, qué es el esfuerzo y sus padres no hacían otra cosa que decirle que era la forma de no decirle a sus súbditos qué es la esclavitud, dado que todo resultado del trabajo digno que realizan llega a nuestras manos. Por qué lo hacen, padre, por qué. Y ellos respondían porque no estamos solos, porque nosotros les hablamos de trabajo digno y la Iglesia, luego, donde van a buscar descanso para su alma, les hace saber que si sufren en esta vida terrenal alcanzarán el cielo mientras nosotros tenemos el cielo en la tierra para alcanzar, por la gracia de Dios, el cielo en el cielo. ¿Por la gracia de Dios, padre? Por la gracia de Dios. Una de las tardes, mientras paseaban, ambos miraron al cielo y allí estaba, ante sí, el último dragón del que se sabía estaba vivo. Miraron al cielo y escucharon las voces de sus súbditos: queremos venganza, queremos justicia. Qué quieren, padre, por qué gritan. Quieren, dijo el rey, y resulta ridículo, quieren ser como nosotros, quieren vivir como nosotros. Por qué no pueden, padre. Querida hija, si todo el mundo viviera como nosotros, tendríamos que repartir nuestro botín, repartir nuestro esfuerzo. Querido padre, ellos tienen un dragón, nosotros tenemos un ejército. Así fue: la batalla duró incontables días, incontables noches hasta que el dragón, criado por los habitantes del reino, el último dragón del que se sabía estaba vivo, cayó derrotado. Y ahora qué, preguntó el rey. Ahora, padre, debemos cortar las cabezas de algunos de nuestros súbditos y depositarlas en lo alto de nuestras murallas para que, al alzar sus ojos, nuestros súbditos vean que no hay más cielo que el que nosotros podamos darles. Y ella, como sus padres, jamás preguntó a sus súbditos por qué habían decidido rebelarse.